Los sofistas: Maestros de la persuasión y el relativismo

 

4. Los sofistas: Maestros de la persuasión y el relativismo

¡Bienvenidos! En la entrada anterior exploramos el pensamiento de Heráclito de Éfeso y su concepción del cambio constante. Ahora nos trasladamos al siglo V a.C., una época de transformación política en Atenas, donde el auge de la democracia impulsó la necesidad de dominar el arte de la persuasión.

En este contexto surgen los sofistas, maestros de la retórica que revolucionaron la educación y el pensamiento filosófico con su visión relativista del conocimiento, la moral y la política. En esta ocasión, profundizaremos en sus principales ideas, analizaremos su impacto en la sociedad ateniense y abordaremos la fuerte oposición que generaron en filósofos como Sócrates y Platón. 

La aparición de la democracia en Atenas durante el siglo V a.C. transformó la vida política de la polis. Por primera vez, un sector amplio de ciudadanos (varones, libres y de padres atenienses) tuvo la posibilidad de participar activamente en los asuntos públicos, accediendo a cargos de responsabilidad política. Este cambio generó nuevas necesidades educativas, pues el éxito en la política dependía de la capacidad de argumentar y convencer en la Asamblea y los tribunales. En este contexto surgieron los sofistas, un grupo de maestros itinerantes especializados en la retórica y el debate.

A pesar de no constituir una escuela filosófica unificada, los sofistas compartían ciertas ideas fundamentales que marcaron el pensamiento griego y provocaron una fuerte oposición por parte de filósofos como Sócrates y Platón. Entre sus principales postulados destacan:


  • Relativismo gnoseológico

Uno de los principios centrales del pensamiento sofista es la idea de que el conocimiento es relativo. Protágoras, uno de los sofistas más influyentes, expresó esta idea en su famosa afirmación:

“El hombre es la medida de todas las cosas”.

Con esta frase, Protágoras sostenía que no es posible conocer la realidad objetiva, sino únicamente cómo cada individuo la percibe. Según esta visión, el conocimiento no es absoluto, sino que depende de las percepciones y experiencias subjetivas de cada persona. En consecuencia, la búsqueda de verdades universales es inútil, y lo único que existe son opiniones individuales. 


  • Relativismo moral

El relativismo sofista no se limitaba al ámbito del conocimiento, sino que también se extendía a la moral. Según esta perspectiva, los valores como la justicia, el bien y el mal no son realidades absolutas, sino que dependen del contexto social y cultural. Lo que una sociedad considera justo puede no serlo para otra, y lo que un individuo considera bueno puede ser visto como malo por otro. Esta idea cuestionaba la existencia de principios morales universales y establecía que las normas éticas son meras construcciones humanas. 


  • Convencionalismo político

En el ámbito político, los sofistas defendían el convencionalismo, una doctrina que sostiene que las leyes no son dictadas por la naturaleza ni por los dioses, sino que son fruto de acuerdos entre los ciudadanos. Protágoras argumentaba que, si las leyes fuesen naturales, serían las mismas en todas las ciudades; sin embargo, la historia demuestra que las normas pueden ser radicalmente distintas de una polis a otra.

Este enfoque abría la puerta a la posibilidad de modificar las leyes según las necesidades y deseos de la comunidad. Desde una perspectiva pragmática, los sofistas consideraban que las leyes eran herramientas para organizar la convivencia y garantizar la estabilidad social, pero no tenían un carácter inmutable ni sagrado. 


  • La oposición de Sócrates y Platón

El pensamiento sofista despertó fuertes críticas entre otros filósofos de la época. Sócrates, por ejemplo, se opuso al relativismo y defendió la existencia de una verdad objetiva que podía alcanzarse mediante el diálogo y la razón. Creía que la virtud no era una simple opinión, sino un conocimiento que debía buscarse activamente.

Platón, discípulo de Sócrates, dedicó gran parte de su obra a refutar las ideas sofistas. En su teoría del conocimiento, argumentó que existían verdades universales e inmutables, accesibles a través de la razón y no de la percepción sensorial. Asimismo, combatió el relativismo moral, sosteniendo que la justicia y el bien eran realidades objetivas y no meras convenciones humanas.

Para Platón, los sofistas eran manipuladores del discurso, interesados más en la persuasión que en la búsqueda de la verdad. En diálogos como Gorgias y La República, los presenta como figuras que confunden a la ciudadanía y socavan los cimientos de una sociedad justa. 


5. Sócrates: El filósofo de la verdad y el diálogo 

Tras explorar el pensamiento de los sofistas, nos adentramos ahora en la figura de Sócrates (470-399 a.C.), uno de los filósofos más influyentes de la historia, cuya vida y enseñanzas llegaron hasta nosotros a través de los diálogos de Platón y los testimonios de Aristóteles.

A diferencia de los sofistas, Sócrates rechazó el relativismo y el convencionalismo. Creía en la existencia de una verdad absoluta que se encuentra en el interior de cada individuo y que debe ser descubierta a través del diálogo. Su famoso método socrático se basaba en la ironía y la mayéutica, buscando que las personas llegaran a la verdad por sí mismas.

En la próxima entrada, exploraremos en detalle su método, su enfoque sobre la virtud como conocimiento, y su visión de la filosofía como un proceso de búsqueda colectiva de la verdad. 



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sócrates

Heráclito de Éfeso: el filósofo del cambio

Parménides de Elea